Sakshi entró en la sala como una tormenta envuelta en seda. Sus ojos penetrantes y almendrados escudriñaron a la multitud, cada mirada era una chispa de tranquila confianza. Vestida con una kurta esmeralda que brillaba como la luz de la luna sobre el agua, parecía dominar el aire que la rodeaba. Un único brazalete de plata tintineó suavemente en...Leer más